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lunes, 19 de noviembre de 2012
QUE ES I Ching
El I Ching, Yijing o I King (en chino tradicional: 易經; en chino simplificado: 易经; en pinyin: yì jīng) es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos.
El término i ching significa ‘libro de las mutaciones’. El texto fue aumentado durante la dinastía Chou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico.
La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin y yang.
En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria.
En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma (principio inmaterial) y la materia (principio material) y le da la virtud formal a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo.
Los comentarios de Zhou y principalmente los de la escuela confuciana añaden un principio moral que debe presidir la conducta del sujeto que aspire a ser «noble». Esta filosofía moral se inspira en la naturaleza y las formas en que ésta procede, de manera que las figuras del I Ching encuentran su correlato en la vida política y se comportan como metáforas de la conducta correcta.
En el I Ching se advierte un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo
Antes de que se escribieran los primeros comentarios del I Ching durante la dinastía Zhou, hace más de 3000 años, era una práctica frecuente en la corte y en la clase ilustrada consultar el futuro mediante tallos de milenrama, también llamada aquilea. Existían desde los tiempos del emperador Fu-Hi imágenes asignadas al resultado de la consulta.
Tres son las fuentes reconocidas de las versiones actuales del libro:
el texto del mítico Fu-Hi (por lo menos del 2400 a. C.);
los del rey Wen y su hijo el duque de Zhou (hacia el 1100 a. C.) y
los de Confucio y sus discípulos (500 a. C.)
A esos textos se adicionaron comentarios de hechiceros y de la escuela del yin-yang, que en épocas recientes fueron descartados por los estudiosos.
Aunque, en rigor, la lectura mediante el sistema del yin y el yang (principio femenino y principio masculino) es posible, los estudiosos prefirieron no tenerla en cuenta, para conservar la pureza arcaica del libro. Con el mismo criterio se pueden descartar los comentarios confucianos, pero la autoridad de Confucio es muy fuerte en la cultura china como para pasarlos por alto.
Este libro llegó a Europa en el siglo XIX con sus consiguientes intentos de traducción (por ejemplo la de Charles de Harlez, publicada en Bruselas en 1889). Siglos antes, Athanasius Kircher había obtenido una tabla con los signos del I Ching pero, completamente ignorante de su sentido original los interpretó como una forma de lenguaje abstracto universal.1 La relativa difusión de su obra propagó el conocimiento del I Ching en occidente, pero desde una perspectiva esotérica que distorsionaba su significación. Por tanto, se suele afirmar que esta práctica fue desconocida en Europa hasta hace poco más de un siglo. Uno de los mayores especialistas occidentales en el I Ching fue el misionero y sinólogo alemán Richard Wilhelm, quien publicó una versión del libro en 1923. Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana. Esta traducción alemana fue a su vez traducida en 1949 al inglés y en 1950 al italiano.
Al margen de las numerosas leyendas que existen en torno al origen del I Ching, los únicos datos fiables, lo sitúan hacia el siglo XI a. C., cuando el rey Wen, desarrolló un sistema de ideas basado en 64 hexagramas, al que llamó I, que se traduce por lagarto y también por fácil, y que simboliza la rapidez y la facilidad en el cambio.
Tras la muerte del rey Wen, su hijo el duque de Zhou continuó el desarrollo del sistema de ideas elaborado por su padre, e introdujo el concepto de relación entre los opuestos y de «acción y reacción», definiendo las 6 líneas de cada uno de los hexagramas.
Por tanto, no es hasta el siglo VIII a. C. cuando definitivamente surge el Chou Í o Los cambios de Chou, libro compuesto por los 64 hexagramas y sus correspondientes líneas.
A partir de este momento, el Chou I comienza a ser cada vez más conocido y su uso se extiende tanto con fines adivinatorios, como éticos y filosóficos.
Posteriormente, en torno al siglo VI a. C. surgen dos de las principales corrientes de pensamiento de la cultura china, representadas por:
Lao Tse, autor del Tao Te King, principal texto de la filosofía taoísta, y
Confucio, que proponía la ética y la moral como las vías más eficaces para alcanzar el bienestar humano y social.
Entre los siglos V y III a. C., el confucianismo comienza a extenderse a todos los niveles sociales y se establecen numerosas escuelas de seguidores de sus ideas.
Durante los siglos III y II a. C., algunos miembros de las escuelas de Confucio, escribieron una serie de textos, tratados o apéndices que se conocen como Las Diez Alas, y que contienen aportaciones sobre la interpretación de los hexagramas del rey Wen, de las líneas del duque de Chou, de la simbología y las imágenes, del concepto del cambio, de los trigramas, de la secuencia de los hexagramas y de su asociación por pares.
Finalmente, al unir el Chou Í (‘los cambios de Chou’) junto con los textos o tratados que forman Las Diez Alas, es cuando surge el I Ching (o ‘libro de los cambios’) tal y como lo conocemos en la actualidad.
[editar]Usos
Los 64 hexagramas del I Ching.
Experimentar el I Ching es intentar comprender cómo se generan y se producen los cambios en nuestras circunstancias y en nosotros mismos. Este milenario tratado de leyes universales, cuyo origen se remonta a más de 3000 años de antigüedad, nos indica la dirección natural o de menor resistencia al cambio que presenta la situación en la que nos encontramos.
La posibilidad de descubrir y desenmascarar las contradicciones que se esconden tras las apariencias y llegar a comprender los cambios que se producen en nuestra vida, es principalmente lo que nos ofrece el I Ching a través de la estructura de ideas representadas en los diferentes símbolos y hexagramas y de las relaciones que se establecen entre las mismas.
Si consiguiésemos comprender de antemano las posibles consecuencias de una determinada idea, palabra, hecho o actitud, algunos podrían creer que están adivinando el futuro, aunque realmente, se trataría de una simple previsión, resultado de la comprensión de la relación que existe entre los acontecimientos.
[editar]Medios de consulta
[editar]Tallos de milenrama
Se utilizan 50 varillas de milenrama o aquilea, dejando una aparte se van dividiendo de una manera determinada en grupos las demás. Es un sistema que asegura que sólo intervendrá la energía del consultante. La división al azar y el recuento de los tallos era una compleja operación que se reducía a números, los que a su vez representaban líneas quebradas o líneas enteras, según fueran pares o impares.
[editar]Monedas
Tres monedas chinas. Las dos primeras de la izquierda están en Yin y la ultima en Yang.
Seis monedas chinas.
Ya que el método de los tallos de aquilea es lento y exige cierta destreza manual, es posible utilizar un sistema consistente en la tirada simultánea de tres monedas.
[editar]Ejemplo de una tirada y su notación
Si no se dispone de monedas chinas, se puede utilizar 3 monedas convencionales asignando un valor 3 (Yang) a la cara y un valor 2 (Yin) a la cruz. Para orientarse en la decisión puede ser útil saber que el sol de una moneda puede ser el Yang, una casa es Yin, una cara masculina es Yang, una femenina Yin, etc.2 En las monedas chinas el lado de los 4 ideogramas es el valor Yin (suma 2) y el que tiene dos ideogramas es Yang (suma 3).
De este modo surgen ocho posibles resultados para cada tirada, sumando los citados valores, son:
2+2+2 = 6, línea yin mutable o "gran yin"
2+2+3 / 2+3+2 / 3+2+2 = 7, línea yang
2+3+3 / 3+2+3 / 3+3+2 = 8, línea yin
3+3+3 = 9, línea yang mutable o "gran yang"
Cuando la suma de los valores de las tres monedas es impar (7 y 9) se dibuja una línea entera y si es par (6 y 8) una línea partida. Cada línea obtenida se escribe de abajo hacia arriba, una por encima de la otra. La tirada se repite seis veces, es decir, se escriben 6 líneas de las cuales surge un hexagrama.
Las líneas mutables del hexagrama (Gran Yin y Gran Yang -las líneas 6 y 9-) deben ser marcadas con un tilde si se desea hallar también el hexagrama complementario. Para obtenerlo, al lado del hexagrama principal se vuelven a escribir los valores fijos (7 y 8) en su respectivo orden y se cambian a su opuesto solo las líneas Yin y Yang mutables (las que son 6 y 9).
Luego se busca el número de cada hexagrama (principal y complementario) en una tabla de doble entrada como las que se encuentran al final de este artículo, según los trigramas superior (las 3 líneas de arriba) e inferior (las 3 de abajo), obteniendo así el hexagrama final con sus respectivas líneas móviles para su consulta en un libro de I Ching que disponga de los 64 hexagramas y sus sentencias.
[editar]Otros medios
Jing Fang (77-37 a. C.), tras años de investigación del I Ching y sus teorías, estableció una correspondencia entre las líneas de los 64 hexagramas y el antiguo sistema del calendario chino. En ese calendario, a cada día se le asigna uno de los diez troncos celestes y una de las doce ramas terrestres, y el ciclo se repite cada sesenta días. El sistema propio de Jing Fang asigna estos mismos valores a cada línea de cada hexagrama, aunque no en el mismo orden. Las doce ramas y los diez troncos tienen relación con las cinco fases, o Wu Xing, por los que se establecen todo tipo de complejas relaciones al interpretar los hexagramas.
Posteriormente, Shao Yung (1011 - 1077 d.c.) ideó un método por el que se pueden obtener los hexagramas de consulta a base del mismo calendario.
En la actualidad este sistema es conocido como Wen Wang Gua, y es muy común entre los consultores profesionales del I-Ching en el sur-este asiático (Hong Kong y Taiwan). En la red se puede obtener información al respecto mediante cursos pagados. Quizás el único material disponible gratuitamente sea del cubano Ariel Miranda Viera.
domingo, 11 de noviembre de 2012
FRASES PARA EL ALMA
Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.
Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.
Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura. No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
¡Lo que pasó, pasó!
De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.
Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propio afán".
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Busca a alguien con quien compartir tus luchas; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ellas.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de esta y ámala, sin pedirle nada a cambio.
Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.
La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros
Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.
No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.
Dios nos ha creado para realizar un sueño.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Cuencos Tibetanos
El origen de los cuencos tibetanos se pierden en el pasado, probablemente legado de la religion chamanica Bon, que vivia en el Tibet varios siglos antes de la llegada del budismo.
Los sonidos sutiles, a veces, pasan desapercibidos para nuestro oido.
Por muy descuidados que seamos con respecto a la valoracion de los sonidos como una de las manifestaciones mas elocuentes de la naturaleza, por mucho que infravaloremos el poder que estos pueden tener sobre nuestro cuerpo, y por mucho que despreciemos la belleza de un sonido limpio y pulcro, seguro que, cuando tengamos en nuestras manos un cuenco tibetano y le saquemos su ejemplar sonido, dejaremos que nuestros sentimientos se entremezclen con el alma del Tibet y nos lleven al viaje magico de la meditación.
Los cuencos tibetanos (tambien llamados campanas) no se golpean, se frotan. De ellos sale un sonido armonico inigualable.
De hecho, muchos expertos coinciden en que, no solo es el sonido lo que nos enamora del cuenco, sino su vibracion. Esta vibracion penetra en todo nuestro cuerpo haciendo que la energia se disperse de una manera sublime.
Si tocamos distintas campanas al mismo tiempo, el sonido resultante el sonido resultante, se convierte en algo mas que un simple sonido. Un aura diferente nos envuelve y la paridad de la musica y de la vibracion que absorbemos, nos deja casi extasiados.
Con los cuencos podemos tratar diferentes dolencias, obteniendo sorprendente mejorias. La terapia esta basada en la resonancia de los sonidos en nuestro cuerpo. La cura mediante esta resonancia se basa en el contagio de la vibracion, del cuenco o de la campana, a nuestro cuerpo.
Es decir, el sonido emite una vibracion especial que, entrando a traves de nuestros oidos, se despliegan por todo nuestro organismos.
El sonido tambien altera y cambia las ondas que se producen en el cerebro. Esto activa la cara oculta de la mente humana, dandonos la capacidad de entrar en un terreno desconocido, en el cual se pueden producir curas inmediatas y sanaciones propias.
Muchos expertos en la terapia del sonido, afirman que, trabajando las ondas sonoras, es posible la destruccion de muchas celulas dañinas, incluso las cancerosas.
Son magistrales a la hora de equilibrar los chakras y hacernos viajar desde la ansiedad y el estres hasta la paz, la relajacion y la serenidad.
Los cuencos tambien son capaces de llevar a la superficie toda nuestra capacidad creativa. Muchos artistas alaban la capacidad de estas campanas para llamar a las musas.
Asi, nadie queda imperterrito ante el poder de los maravillosos cuencos del Tibet. Toda una fuente de positivismo, paz y alegria.
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